Imagina que alguien roba una caja fuerte aun sabiendo que, actualmente, no existe ninguna herramienta capaz de abrirla. En lugar de deshacerse de ella, decide guardarla durante años esperando que, en algún momento, aparezca una tecnología lo suficientemente avanzada como para romper la cerradura. Trasladado al entorno digital, esta estrategia tiene un nombre: Harvest Now, Decrypt Later (HNDL) o ‘recoger ahora, descifrar después’. El concepto plantea un escenario en el que determinada información cifrada podría ser interceptada y almacenada hoy, aun sin disponer de la capacidad necesaria para acceder a su contenido, con la expectativa de intentar descifrarla en el futuro si el desarrollo de nuevas tecnologías lo hiciera posible.
Es aquí donde entra en juego la computación cuántica. Su evolución plantea la posibilidad de que, en el futuro, ordenadores cuánticos con capacidades suficientes puedan resolver de manera más eficiente determinados problemas matemáticos sobre los que se apoyan algunos de los sistemas criptográficos utilizados actualmente. Es decir, mientras tradicionalmente la ciberseguridad ha centrado buena parte de sus esfuerzos en responder a las capacidades y riesgos existentes en cada momento, el HNDL introduce una variable diferente: tener en cuenta hoy el tiempo durante el que determinada información necesitará seguir siendo confidencial.
¿Cuál podría ser el motivo de guardar algo que todavía no se puede descifrar? La respuesta está directamente relacionada con el valor que conserva la información con el paso del tiempo. Una contraseña que haya sido modificada varias veces probablemente tendrá poca utilidad dentro de diez años. Sin embargo, no ocurre necesariamente lo mismo con un historial médico, determinada información estratégica de una Administración Pública, propiedad intelectual, documentación relacionada con infraestructuras críticas, investigaciones científicas, datos financieros o comunicaciones gubernamentales. Parte de esta información puede mantener su carácter sensible durante años o incluso décadas.
Aquí es donde la evolución de la computación cuántica comienza a relacionarse con la ciberseguridad. Gran parte de las comunicaciones digitales actuales utilizan mecanismos de criptografía de clave pública basados en problemas matemáticos cuya resolución resulta especialmente compleja para los ordenadores convencionales. El desarrollo futuro de ordenadores cuánticos suficientemente avanzados podría modificar este escenario para determinados algoritmos, una posibilidad que está impulsando el desarrollo y la adopción progresiva de nuevos estándares criptográficos preparados para este contexto.
Por tanto, el reto no empieza necesariamente el día en el que exista un ordenador cuántico con esas capacidades. Para determinada información, también implica plantearse hoy cuánto tiempo necesita mantenerse protegida.
De esta forma, el Harvest Now, Decrypt Later introduce, en definitiva, una perspectiva temporal diferente en la ciberseguridad. Ya no se trata únicamente de analizar los riesgos actuales, sino también de valorar durante cuánto tiempo necesita seguir siendo confidencial la información que protegemos hoy y cómo puede evolucionar la tecnología durante ese periodo. Al fin y al cabo, quizá el escenario que debamos contemplar en el futuro no sea únicamente que alguien intente acceder entonces a nuestros datos, sino que determinada información obtenida con anterioridad pueda adquirir un nuevo valor si aparecen capacidades tecnológicas que hoy todavía no están disponibles.




